Formosa hermosa y lo que no es tapa

De un tiempo a esta parte ha resurgido un creciente interés por la actualidad política en el territorio de la provincia de Formosa. Tal interés fue motivado por las noticias producidas por los medios de comunicación hegemónicos, que conectan a lo largo y ancho del país a pueblos y comunidades distantes. Son muchos, innumerables, los medios que informan y comunican en la Argentina, pero sin embargo pocas las voces que resuenan y ,por lo general, una sola la sentencia que se consolida como verdad absoluta en el centro del país para con el resto de la Nación. Un federalismo plural que no es espejado por la manera en que, mediante palabras y gestos se construyen consignas y esloganes que cumplen la función, en su pasividad, de articular  distintas subcomunidades mediante la propia comunicación. En este sentido, el siguiente trabajo, sin pretender ser exhaustivo y tampoco excluyente, intentará aportar elementos ausentes en la cuestión histórica y coyuntural de Formosa. La idea y motivo es poner en valor el avance logrado por dicho Estado subnacional, tanto por sus ciudadanos como por sus funcionarios. Entendiendo que es necesario partir de una actualidad enmarcada por la pandemia del COVID-19 a nivel general, desarrollaré someramente los supuestos de nuestro sistema político, el derrotero que siguió nuestro contrato federal y ,particularmente, me detendré algo mas en la historia del territorio formoseño y sus accidentes geográficos, principalmente los fluviales. Por último una comparación con nuestro país limítrofe, con el cual comparte frontera, Paraguay, y una vital reflexión en torno al derecho a la autodeterminación de los pueblos.

El territorio nacional de Formosa fue declarado provincia en 1955, en el marco del desarrollo de un modelo de Nación federal, enraizado en los principios del Movimiento Nacional y Popular, y encarnado en el Gobierno del General Juan Domingo Perón

Hubo un tiempo en que la pandemia del COVID 19 pareció traer, al sistema político argentino, cierto denominador común en nombre del sanitarismo y del cuidado a la vida. Puede ser que así haya sido, y en mi opinión así lo fue, sin embargo duro lo que supo durar el sentimiento de estupefacción en la clase política frente a lo desconocido, desconcierto que generó miedos. De alguna manera un pánico más o menos intenso hizo de las partes (agrupaciones o partidos) una unidad. Luego, una vez naturalizado aquel miedo (nada puede ser tan grave como para hacer durar el anonadamiento en la arena pública mas de dos semanas), la política, fenómeno natural inherente a la forma de vida gregaria, siguió con su juego que no es otro que el democrático electoral y ,en los tiempos que corren, de campaña permanente. En este sentido, las responsabilidades del gobierno volvieron a ser fiscalizadas, pero esta vez aumentando su rating, configurándose incluso una suerte de monopolio de acceso a lo real dado el aislamiento social. La cosa política, pública y de todos, se volvió aún mas palpable y también molesta para algunos. Las limitaciones de movimiento y de la vida cotidiana la pusieron cada vez mas en juicio. Interesados, desprevenidos e indiferentes. La política nos toco el hombro a todos en esa limitación que medió al encuentro con lo otro y el otrx

 Por otro lado, el régimen político argentino, democrático republicano y federal, complejizo tal situación. Si la opinión pública cotizara en bolsa habría reventado todos los índices bursátiles. Pocos momentos donde las controversias propias del sistema, juntas y en simultaneo, hayan sido tan intensamente activadas. Democracia como método para resolver las diferencias, República  como forma en que se habita y se ocupa el espacio vital de la nación, y federalismo como régimen institucional de dispersión vertical del poder (delegación de facultades desde las provincias hacia la nación y viceversa). Un contrato de unión  interprovincial que nunca pervive estático sino que es absolutamente dinámico y ,por esa suya naturaleza, en continuo conflicto.

 Es larga, rica e interesante la historia de nuestro federalismo visto por fuera de cualquier prisma normativo. No obstante, tal situación renovó una recurrente cuestión, siempre en tensión, que supone todo orden federal: el clivaje centro/periferia. El mismo es incluso algo más complejo puesto que nuestro contrato federal, a través de la interacción entre sus actores e instituciones, fue madurando hasta cristalizarse en un federalismo centralizado y plural, es decir los intereses del centro, mediante conflictos y resultados militares que fueron alterando el balance de poder, y auges económicos también,  fueron extendiéndose hacia la periferia imponiéndose por sobre otros, antes disidentes, y también produciendo desequilibrios, entre otros, comunitarios (económicos y sociales, si es que pueden convivir separados) y ambientales, por ejemplo el caso de la extensión del modo de producción agropecuario hegemónico en gran parte del Chaco Central y sobre todo el Austral. La progresiva dominación fue modificando la fisonomía social de las unidades subnacionales ahora bajo control efectivo e institucionalizado.

 Me permití esta breve digresión como base teórica contextual para comenzar a hablar de Formosa, el norte de nuestra patria. Esto es, para irme a la periferia.

 Pensar la periferia implica la necesidad  también de usar un pensamiento alejado del corriente, preguntarse sobre lo que resulte común, cuestionarlo y detenerse luego en lo particular del territorio y sociedad. Requiere, sin dudas, pensar la periferia, del método hermenéutico, una suerte de manual para interpretar textos y hechos, una contextualización desprendida del texto que traemos, pero sin terminar de abandonarlo, porque eso supondría una falacia dada su imposibilidad de hecho. 

 Es importante desarrollar un breve supuesto, y para ello me propongo comenzar por el inicio simbólico. El proceso de la Revolución de Mayo, y sus subsiguientes juntas y formas de gobierno no contuvieron al territorio del Chaco Central, que subsume en si a la provincia de Formosa. Este no fue un territorio de dominio efectivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y sus respectivos gobiernos como tampoco lo fue de aquel Paraguay. Ambas naciones nacientes no obstante se lo arrogaban, pero no fue hasta el fin de la llamada guerra del Paraguay que tal tierra fue ocupada territorialmente por el gobierno argentino. Vale decir que lo que se ocupo fue un territorio devastado y despoblado, producto de la masacre sucedida. Previamente, quien mejor había implantado una suerte de colonización habían sido los misioneros jesuitas.

 La pobreza del lugar, su marginalidad, las varias etnias que lo ocupaban, y se disputaban recurrentemente la región, hacían de la efectiva dominación una quimera para los conquistadores. Coligiendo, Formosa fue incorporada al territorio nacional por el centro como periferia. En Argentina, las políticas de desarrollo y los procesos de expansión de las fronteras agropecuarias han seguido históricamente un eje vertical con su orientación dominante configurando a la postre a la denominada cuenca del Plata. Los puertos de Buenos Aires y los puertos enclavados en el litoral del rio Paraná se proyectaron como uno de los principales sistemas articuladores del modelo económico agroexportador complementados con el desarrollo de una poderosa infraestructura vial, ferroviaria, energética y urbana. Dicha extensión cumplía -cumple- la función de extraer la sangre de sus márgenes hacia el centro. Un extractivismo que degeneró en lo que personajes de enana estatura creativa, e infundadas ínfulas ilustradas, denuncian como feudos . Tal sistema económico y social ha tendido a invisibilizar e incluso a subsumir otras estructuraciones posibles o probables del espacio. Si se toma por supuesto lo enunciado se entiende que el atraso de las regiones circundantes al centro fue en gran medida consecuencia de la forma que adquirió la integración del país al comercio internacional, lo cual fue la principal causa subyacente de las batallas intestinas de nuestra Patria. No hace falta decir mucho mas sobre el atraso de la periferia, y en ella el de Formosa, que además tiene otras complejidades.

La ciudad de Formosa fue fundada en 1879 como capital del Gran Chaco, Gobernación que en 1884 fue dividida sometiendo a la población originaria, es decir a las distintas etnias que sobrevivieron - aún hoy  algunas perviven- a la guerra del Paraguay y al previo intento de instalación de criollos y mestizos. Puede concluirse que la ocupación del territorio, dada su histórica dificultad, obedecía mas a las lógicas soberanas  de libre circulación y defensa que implican, que al aprovechamiento de sus oportunidades productivas en un sentido comunitario. Por otra parte, otro aspecto de su pobreza estructural esta en gran parte explicada por las dificultades prácticas para el aprovechamiento de sus recursos hídricos. En este sentido la naturaleza del río Pilcomayo, frontera no solo política sino también física con el actual Paraguay merece una mayor atención. El río Pilcomayo es un río de "naturaleza suicida", dado que tiende a perder su cauce por los sedimentos que va transportando, llegando a dejar el río sin caudal de agua. Esta cuestión, sumada a las propias del río Paraguay, también de muy baja pendiente, otorgan facilidades para el contrabando, en la provincia, hacia el país vecino. No obstante, de un tiempo a esta parte, el gobierno de Formosa ha podido trabajar sobre la naturaleza del río Pilcomayo, haciendo de la gestión política una suerte de terapia para su psiquis suicida. Con tareas de dragado y mantenimiento, mancomunando los esfuerzos con los pueblerinos linderos al río (incluiyendo a los vecinos de los Andes bolivianos, donde nace el río),  se lograron evitar tanto inundaciones como sequías en los últimos años, a través de obras que permitieron aprovechar los desbordes propios de los ciclos de crecida del río. Un contraste de tal gestión se encuentra al otro lado del Pilcomayo, donde los pueblos paraguayos contiguos a el, al día de hoy, sufren las consecuencias de las inclemencias tanto del clima como de los sedimentos que van obturando el cauce del río, llegándolo a perder y dejando a su población sin posibilidades de hacer usufructo de sus recursos hídricos. Las autoridades paraguayas -denunciado por sus propios ciudadanos- no cumplieron con las obras necesarias para llevar adelante el proyecto pantalón, que tenia como fin la construcción de canales artificiales que requieren un continuo trabajo y mantenimiento. Por el lado argentino, sin necesidad de irnos muy lejos en el tiempo, la gestión del gobierno nacional anterior, en otro de sus mega planes que se perdieron en meros eslóganes, como por ejemplo fue "pobreza cero", se promovió indirectamente la desarticulación de la comunión lograda en torno al trabajo sobre el río Pilcomayo impulsando en contraposición toda una parafernalia a nivel nacional bajo el nombre "Plan Nacional del Agua" que, según sus exfuncionarios, requería de una inversión de 25 mil millones de dólares. Este despropósito genero dificultades de coordinación y mayores esfuerzos para la provincia, las cuales fueron superadas por la vocación de la propia comunidad.


Bañado la Estrella, fenómeno natural provocado por los desbordes del río Pilcomayo.

 Por otro lado, y para agregar un dato a la comprensión de las políticas de restricciones del movimiento social, el Paraguay hoy sufre el COVID no como Formosa, quien tiene los mejores registros cuantitativos tanto en contagios como en victimas fatales pese a sus condiciones socioeconómicas, sino que se parece mas al Brasil, epicentro actual de la pandemia. El gobierno del presidente Abdo Benítez sufre nutridas movilizaciones a nivel nacional por el pobre desempeño sanitario en la cuestión de la pandemia, sumado a déficits políticos precedentes. Este dato, entiendo, pone luz donde Formosa parecía oscurecerse. Sin los recursos económicos, en comparación con las provincias más ricas, y en caso de perdida de control en cuanto a contagios del COVID, la responsabilidad con la vida, primer derecho fundamental, sin el cual desaparece cualquier otro, resulta destacable y también produce orgullo.

 Es menester aclarar que lo escrito no intenta, ni por lejos justificar la violencia institucional ejercida por las autoridades policiales de la provincia el pasado  viernes 5 de marzo. Es fundamental que las fuerzas policiales posean la capacidad de contener contingentes sociales sin caer en la represión, dado que el derecho de expresión es una garantía que el representante debe salvaguardar a su representado. El motivo es el de  aportar elementos que hacen a la cuestión ,y que brillaron por su ausencia a la hora de denunciar los hechos ocurridos desde la Ciudad de Buenos Aires, usina del pensamiento federal y republicano, en otro de los capítulos de federalismo hegemónico que, al parecer, siguen tendiendo a repetirse. Lo que me interesa, y es el vector que me impulsa a estudiar y escribir sobre este tema, es el derecho a la autodeterminación del pueblo formoseño.

 No es el gobernador y tampoco mi filiación política partidaria, sino el sentimiento de hermandad que me une para con los formoseños, como así para con todo pueblo de Nuestraamérica susceptible de sufrir la subyugación de la cultura cosmopolita que contamina nuestras metrópolis. Hay un camino virtuoso que a seguido Formosa desde la asunción de Gildo Insfrán como gobernador. A través de los índices que identifican los niveles relativos en cuanto a desarrollo humano se puede observar el atraso propio de las regiones periféricas, en particular de Formosa, pero también el avance desde pisos muy malos. Estos datos por lo general son difundidos pero no longitudinalmente con lo cual se comparan dos fotos ,pero se mezcla toda una historia en la que hay vencedores y vencidos, cometiendo el flagrante error conceptual de equiparar las condiciones de posibilidad. Poner luces en la cuestión es un imperativo federal para defender  la virtuosa armonía y desarrollo, lento pero firme, de la comunidad formoseña.

 




El gobernador Gildo Insfrán inaugurando un moderno colegio de educación inicial primaria y secundaria el 5 de Marzo, mismo día de los incidentes en la casa de gobierno.

Las instituciones federales deben contribuir al desarrollo de sus partes integrantes, pero los medios de comunicación no tienen esa competencia y tampoco esos fines, sobre todo cuando no representan a sus ciudadanos sino a los intereses de las corporaciones transnacionales que son sus dueños. Si bien constituyen de una manera hegemónica la arena donde se discute sobre lo público, y son hoy el espacio público por excelencia, no son puros como lo pudo ser idílicamente el ágora de la antigua Grecia, sino que  están viciados por los intereses en los cuales se sustentan y persiguen.

 Por último, la cuestión aborigen, es un tema que no desarrolle, porque no tengo esa capacidad y su estudio requiere de un trabajo interdisciplinario muy riguroso e imprescindible si no se quiere caer en los lugares comunes de siempre que en nombre de lo simple, escapándole a la complejidad de la alteridad, omiten lo especifico, silenciando lo que venían a defender. Así y todo, la ley integral del aborigen, contemplada en la constitución provincial de Formosa, es un modelo jurídico a seguir tanto como la observación de su efectiva implementación. Defender la autodeterminación del pueblo formoseño no es gritar tan fuerte como para acallar su voz, sino cuidar de sus garantías constitucionales democráticas, el mandato de su gobierno electo, ahí descansa la voluntad y libertad política de nuestra tan querida Formosa, la hermosa.


Parque Nacional Río Pilcomayo

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