Sobre el 27F, y una reflexión militante
La jornada de este sábado que paso nos deja varias imágenes sobre las cuales, creo, es necesario detenerse más de un momento. Dos de esas imágenes ilustran un fenómeno que, compañeros y grupos propios, ya sea por cercanía ideológica o por horizonte difuso, categorizan como expresiones algo ya sabidas y de antaño, harto conocidas, como ser: la derecha antidemocrática, golpista o lo que sea.
En mi opinión, creo que es más bien distinto, digo, puede conservar, vincularse con lo mencionado, pero siento que se nos este escapando lo esencial de todo momento que esta siendo vivido, que reactualiza al fenómeno, y que vuelve crucial una mirada crítica sobre el mismo. Crítica en el sentido de aprehender lo dado como lo nuevo, a lo Heráclito, nunca te bañaras en el mismo rio. La necesidad de observar con asombro es la primera condición para iniciarse en el proceso del conocimiento. Y lo dado, es necesario saber mirarlo para conocerlo.
Una de las imágenes tiene que ver con las bolsas mortuorias colocadas al pie de la casa de todos y todas, desde ya imprescindiblemente condenables. No obstante, nobleza intelectual mediante, ese acto fue más bien un yerro de los "pubertarios"( que se auto perciben como corriente interna del pro). ¿Por qué digo esto? El sentido que pretendía expresar la leyenda estuvo mal graficado y no se alcanza a leer, y, se malinterpreta, quien quiera ver los carteles más de cerca, seguro ya lo habrá hecho. Es un yerro también porque, de no haber sido así, la intervención artística podría haber adquirido mayor legitimidad, no entre sus propios sino entre sus desprevenidos. Entre sus propios la tiene, no se trata de que nos guste o no.
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| Manifestantes durante el 27 de Febrero/2021 |
Dicho esto, prefiero detenerme sobre la foto de la horca. No es la primera vez que se aparece la maqueta de la horca, sino que su presencia va a la zaga de estas movilizaciones. No fue en la horca, si en la guillotina, donde los destronados reyes de aquella Francia revolucionaria fueron ejecutados. Dicho como quien para a comer una pizza porteña al paso, en aquel momento de la historia los jacobinos habían difuminado la voluntad política de los girondinos y dado comienzo a lo que, en la historiografía, se conoce como el terror rojo. Aquel suceso enmarcado dentro del proceso revolucionario francés regurgito a la tan mentada, como barroca, primera república francesa. No debiera llamar la atención entonces la consigna que domina las corrientes manifestaciones donde su primera palabra y leitmotiv es la república y luego, más bien de una manera instrumental, la democracia. Esta aparente conjetura pondría contra el fondo, de un callejón sin salida, a los gobiernos socialdemócratas de hoy. Y no hay juicio de valor, la socialdemocracia de hoy son los gobiernos de providencia que nos quedan, al menos los posibles dentro de este paradigma donde, de una manera extraña, nadie quiere pero todos vivimos el consenso neoliberal.
Un libro reciente, de Pablo Stefanoni -el cual no leí- lleva como título ¿La rebeldía se volvió de derecha? Fenómeno de una época, que todavía está caliente. Presumo que se trata de una idea que urge.
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| Banderazo disidente, de los tantos, del 2020 |
Alla, por el 2019, una vez finalizado el escrutinio de las elecciones presidenciales, enterados todos de ese -este- desconcertante 41% cosechado por JxC, me atreví a reflexionar a través de un ensayo de Camus “El hombre rebelde” y encontré unos intensos puntos de contacto.
La rebelión no es realista, y no trata de conquistar sino de imponer. Poco importa si la consigna de defender la república no tiene sustento en un ataque real sobre las instituciones consagradas en la constitución. La rebelión, condición sine qua non para la revolución, es la culminación de un proceso madurativo que nace de un sentimiento de opresión. Y este, es un momento bisagra.
De una manera muy interesante Camus hace una analogía entre la rebelión y el cogito como primera verdad del conocimiento: “Yo me rebelo, luego nosotros somos”. La rebelión es, en el fondo, un absurdo. Reclama para sí algo que no es, que no le está presente en la realidad efectiva, pero, por eso mismo, goza de potencial creador una vez madurada intersubjetivamente. Lo absurdo, en este caso, no tiene que ver con lo real, quien se rebela no está acá, esta mas allá, ahí estriba su potencia. Tiene la fuerza del nacimiento. Asimilar esta rebelión, entiendo, es una obligación para gobiernos socialdemócratas frágiles como los que puede tener nuestra región en este momento de su historia. Creo que es importante para el militante comprender estos fenómenos no solo como algo de ayer sino también como algo de hoy. Hoy, bien , puede ser un día más, pero de fondo, es un día nuevo. Por ende, nosotros no somos los mismos, y es necesario que sigamos leyendo para poder seguir conociendo las audacias que nos prepara la historia. De otra manera, podríamos comernos la curva a la hora de interpelar a la sociedad, en momentos de una neuralgia colectiva.
Asimilar permite mostrarle a quien se rebela, que acá no hay nada frente a lo cual rebelarse, y ese es un acto mas condescendiente que beligerante.


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